Reconstruir v/s Recuperar – Columna de Opinión

Publicado el 14 de Mayo de 2010     Categoria: Columna de opinión

Constitución, Foto Exclusiva de FEMS.cl

Durante los meses posteriores al terremoto ocurrido el 27 de febrero pasado  he asistido a una serie de foros invitado por instituciones de educación superior y empresarial, con el fin de exponer sobre Emergency Management.

En cada ocasión uno de los elementos en los cuales he insistido,  es en clarificar algunos conceptos que, a primera vista, pueden resultar una mero detalle académico, pero que en realidad tienen más profundidad de lo que creemos, pues finalmente definen de manera fundamental el lugar desde el cual observaremos y gestionaremos la emergencia.

En este sentido, lo primero ha sido intentar romper el estigma que lleva a que la mirada de la emergencia sea exclusivamente hacia la respuesta, la cual sólo constituye una de sus fases y por lo tanto se aleja enormemente de lo que debe ser una aproximación profesional y global a situaciones que sólo se complejizan si los árboles nos impiden ver el bosque.

La Emergencia constituye el fenómeno, la catástrofe es un concepto asociado a la magnitud y el desastre es por último una consecuencia que deriva de los fenómenos sociales que se generan de ésta,  por lo general,  producto de una mejor o peor gestión o management de la emergencia.

Lo paradójico de esto, es que es posible que la emergencia en sí disminuya y el desastre se incremente, por ello una mirada de túnel  puede ser especialmente amenazante para una debida gestión de la emergencia.

Quiero ser categórico, la emergencia no ha concluido. Creerlo es un grave error, pues hace que nuestra aproximación a la situación nos haga equivocar caminos, más allá de que en lo comunicacional sea poco empático con las víctimas y quienes están más directamente involucrados en la gestión en terreno, enviando además mensajes erróneos o al menos contradictorios a la comunidad respecto de lo que realmente está ocurriendo.

Esto no es un mero capricho técnico, es tan simple como creer que porque al niño le ha bajado la fiebre es posible darlo de alta, en ese sentido la profesionalización de la medicina (antiguamente eran curanderos) ha llevado a tener una mirada sistémica utilizando diferentes indicadores para ir evaluando un proceso, la evolución de la Gestión de Emergencias en el mundo no ha sido diferente, y por ello en este caso hablamos de lo que se denomina Ciclo de Vida de la Emergencia, y que se compone de las fases de Mitigación, Preparación, Respuesta, Recuperación.

Recuperación y NO Reconstrucción como se ha ido instalando en la actual etapa en Chile. Insisto, no es un capricho técnico, las palabras en cualquier disciplina o profesión como hoy es el caso de la Gestión de Emergencias, nos muestran cómo abordar una especialidad, campo de acción o estudio. 

En las exposiciones que he debido realizar, incluso en aquellas convocadas por instituciones de educación superior, he percibido que a pesar de las explicaciones, no se aprecia la importancia de diferenciar ambos términos.

La quema de una vivienda de emergencia por parte de una persona damnificada, es probablemente un ejemplo real y concreto de cuán importante es que modifiquemos la forma en la cual nos aproximamos a la emergencia.

Nadie puede cuestionar que se han realizado  esfuerzos y han habido avances en reconstrucción, más allá de si pudiésemos tener diferencias sobre si se puede hacer mejor o no, sin embargo las protestas y especialmente la quema de esta vivienda, son el mejor ejemplo para demostrar que no estamos Recuperando al mismo ritmo que se reconstruye.

Recuperar versus reconstruir, hace la diferencia entre una mira integral, humanista, solidaria, y que debe centrar sus esfuerzos en convocar, asociar y coordinar para responder a las necesidades de las personas, liderar y gestionar en pos de eficacia y eficiencia centrada en estas, versus la reconstrucción que tiende a centrar los esfuerzos en lo cuantitativo, lo material y tangible, pero también en lo específico tendiendo a incentivar en la gestión una visión de túnel que impide ver o medir en su real dimensión el dolor de las personas.

Recuperar nos lleva a enfocarnos en las personas, en la recuperación de comunidades (social, económica, políticamente),  proveer los medios y realizar esfuerzos que por último de manera natural nos llevará a fomentar  la colaboración y coordinación entre los actores, y no a competir entre ellos. Así veremos a los otros como potenciales socios y no como competidores, veremos la obligación de muchas veces abandonar la operación que resulta más vistosa, y reemplazarla por el liderazgo y apoyo que en estos casos suele ser más anónimo.

La reconstrucción es sólo una parte de la Recuperación, y son términos tan diferentes como lo es un  Refugio de Emergencias,  de un techo o media agua. Esto último nos impone lo cuantitativo y lo material, lo otro sin dejar de considerar lo tangible, nos centra en las personas, sus comunidades y por cierto surge como relevante lo cualitativo.

Un modelo moderno de emergencias es eminentemente comunitario, solidario, participativo, descentralizado y enfocado en las personas. Por ello como comunidad tenemos el deber de ser constructivamente críticos y no caer en la pasividad frente al dolor y sufrimiento de las personas, no podemos caer en la mera aceptación y observación de lo que ocurra como tampoco en la crítica mezquina o el silencio cómplice.

En este contexto, Recuperar versus Reconstruir resulta algo más profundo que la simple elección entre un término y otro,  es la diferencia entre el cómo y desde dónde nos aproximamos a  miles de chilenos que requieren de nuestra ayuda, en definitiva es aquí donde desde el dolor nos debemos plantear la sociedad que queremos recuperar.

Michel De L’Herbe